Palpé el Colt .38, que se disimulaba bien bajo el abrigo y, por última vez, consulté el papel donde había anotado un nombre y un número.
Me afligía un cansancio malhumorado, infinito. El agobio de mil noches en vela, rumiando.
Rumiando...
Luego de apearme del tren, me demoré hasta que el convoy reemprendió su marcha. La estación Fuentedeoro era, apenas, una plataforma de cemento con un [...]
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