En muchas ocasiones, si no en todas, acostumbro valerme de algunas preguntas clave para dilucidar los problemas estructurales de un texto literario.
Lo que hago es bien sencillo (que no simple): invito al autor a resumir el argumento y la trama del relato.
Reconozco, sin un ápice de pudor, que es una invitación casi inaceptable. Si el escritor fuera un barco, mi propuesta equivaldría a un torpedo por debajo de la línea de flotación.
Como único descargo ante los sufridos talleristas, repetiré la frase que utilizaba mamá luego de darme un coscorrón: "A mí me duele más que a vos (a ti)". Es que nadie disfruta empujando a un amigo al pantano. Sin embargo, la lucha por salir de allí da como resultado un aclararle el panorama y, por regla general, fortalecerlo.
Las respuestas que recibo, luego de pedir resumen o aclaración de argumento y trama, varían desde las apenas sorprendidas (1) hasta las laboriosamente explicativas (2).
1)
¡Caramba! Creí que estaba muy claro. Resulta que...
2)
Entonces, donde digo que cesaron sus funciones vitales, quiero decir que se ha muerto...
Hasta aquí, es lo que he obtenido a cambio de lo que pido. Paso, ahora, a hablar sobre lo que he solicitado.
Argumento
Es el esqueleto, el andamiaje sobre el que descansa todo el peso del texto. Suele ser
una idea única que puede resumirse en una sola frase.
Ejemplo: Un hombre tullido busca venganza.
Trama
Es la musculatura, lo que da fuerza al relato, lo que modela en trazo grueso. Se adhiere al argumento y lo desarrolla de extremo a extremo. Consiste en
una serie de ideas subordinadas a la inicial y coordinadas entre sí.
Ejemplo: Un hombre, capitán de un barco ballenero, emprende la persecución de un cachalote albino que le ha arrancado una pierna.
El escritor novel adolece de grandes dificultades para separar ambos conceptos. De ahí las sorpresas, los tartamudeos, y las explicaciones con más palabras que el propio escrito.
Lo recomendable es escribir ambos (primero el argumento, luego la trama) y observar si se corresponden y de qué modo se relacionan. Si hay grandes discrepancias, conviene estudiar a fondo el argumento, y adosar las ideas correspondientes a la trama, en ese orden.
Una vez planteadas y clarificadas ambas cuestiones, se impone una nueva revisión para comprobar que se ajusten sin fisuras. Es recomendable que, en esta última etapa, intervenga algún lector avezado, capaz de notar las divergencias que puedan haber subsistido.
Estas cuestiones pueden ser analizadas a posteriori de la primera escritura, y funcionan como una buena herramienta a la hora de efectuar las correcciones que el propio texto “pide” (a veces, a gritos).
© Marcelo Choren – España, 2008
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