martes, 27 de noviembre de 2007
Le pareció enorme, desproporcionada con el resto de la casa. Tal como se lo habían advertido los dos ancianos caballeros, la mesada de mármol ocupaba el centro de aquella inmensa cocina. El horno permitía alojar un cerdo entero. De una hilera de ganchos colgaban ollas, coladores, sartenes, pinches. Y cuchillos. Cuchillos de tronchar, de destasar; medialunas, cimitarras de acero forjado; hachuelas capaces de partir un espinazo de cordero. Todo relucía, lanzándole destellos.

Jazmín se imaginó trajinando allí, y asintió.

La heladera rebosaba de verduras frescas, frutas y aderezos. Dentro del congelador, grande como un sarcófago, piezas de carne envueltas en plástico blanco. Al abrir las alacenas, cientos de frascos con especias, que la embriagaron de sus aromas. El mueble de la vajilla le mostró platos de porcelana inglesa, copas de cristal. Encontró manteles de hilo, bordados a mano. En la bodega descubrió vinos blancos, tintos, espumantes. Los vejetes sabían vivir. Giró con los brazos estirados, como si danzara.

—¿Qué le parece? —la sobresaltó la voz del mayor, a sus espaldas.
—¡Maravillosa! —dijo.
Y se dio vuelta.

Los dos sonreían y la contemplaban desde la única entrada. Se habían colocado mandiles de cuero sobre mamelucos manchados.

Las botas de goma, las antiparras plásticas y los guantes naranja los volvían irreales, siniestros. En sus manos relumbraban bisturíes.

Jazmín entendió lo que vendría, y el horror la amordazó.

—¿Maravillosa? —dijo el más delgado—. Me alegra que le guste —y dio el primer paso hacia ella—. La cocina es nuestro orgullo.


© Marcelo Choren - Buenos Aires, noviembre de 2002

Tags: Blog, cuentos, cocina, literatura

Publicado por Marcelo_Choren @ 16:21  | Cuentos
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Comentarios
Publicado por Shaitan
miércoles, 21 de enero de 2009 | 11:09
Han pasado años, Maestro, años en los que la literatura ha querido alejarse de mi y en los que yo he querido mantener encerradas las imágenes que mi estómago antaño vomitaba...

Pero esta cocina, Maestro, su cocina acaba de encender no sé cuantas miles de luces en mi interior, tántas, que por un momento he logrado eclipsar el brillo de la pantalla con la que le estoy leyendo.

Todo bién, Marcelo? Guarda aún mi telefono?

Abrazos fraternales y emotivos.

Shaitán.
Publicado por aglosita
jueves, 30 de julio de 2009 | 3:12
Dime donde està esa cocina ........... para no ir!! estupendo, como siempre he sentido, ese poder de sìntesis que tienes, increìble! Sabes, cual sea el motivo de tu èxito Marcelo..... que para quien te lee ... lo haces sentir...lo que cuentas... a propòsito dime donde esta esa cocina para no ir!!Helado